viernes, 2 de octubre de 2009

Noche de Copas



Su sonrisa me congelaba, cómo me gustaba escucharlo reír. Esa noche cenamos entre copas y risas. Hasta ese momento era uno de mis mejores amigos. No sé si fueron las copas, o que siempre habíamos sentido una increíble atracción entre nosotros, pero hubo un instante en el que sólo quería besarlo y hacerle el amor hasta amanecer. Cuando pidió la cuenta me miró a los ojos con complicidad y me sugirió: "vámonos a otro sitio", yo sólo sonreí. Nos marchamos y llegamos a un motel que queda en las afueras de la ciudad.




Me sirvió otra copa y nos sentamos en la cama, ya yo estaba muy excitada aunque él ni siquiera me había tocado. Comenzó a besar mis labios suavemente, sus manos acariciaban mi espalda, comenzó a desvestirme poco a poco, llenando de besos mis rincones. Mi piel se erizaba con el roce de sus manos y su boca. Yo lo acompañaba desabotonando su camisa y dejándola caer en la cama. Estábamos enloquecidos al sentir contacto de nuestros cuerpos, me exploraba como si quisiera dibujar mi piel con sus manos, mi respiración se agitaba y él sólo me decía: "eres más hermosa de lo que había imaginado", no era lo mismo desearlo en secreto que poder tocarlo y sentirlo.
 
 

 
Me acarició los senos, los besó y me tocó el coño, ya húmedo de la excitación, casi se me escapa un grito, llevó su boca y comenzó a hacerme el sexo oral deliciosamente, jugando con mi clítoris y saboreando todo el elixir que mi cuerpo regalaba, mientras introducía un dedo en mi culo. Yo me moría por saborear su verga, me enfermaba la erección intensa que tenía, le sugerí que hiciéramos el 69. Estábamos disfrutando mucho del sexo oral. Interrumpimos y nos besamos en la boca, sintiendo el más exquisito sabor. Me pidió que me colocara agachada de rodillas para observarme en todo mi esplendor y luego me embistió de espaldas, penetrándome ligeramente, sentía como su verga iba haciéndome suya poco a poco, gemíamos, sudabamos y sentíamos como nuestros sexos se acoplaban perfectamente. Nos intercambiamos y me coloqué encima de él, lo cogí con desesperación, apretando mis músculos mientras subía y bajaba. Él me dijo que ya no podía aguantar su orgasmo. En realidad, yo tampoco podía. Aumenté la intensidad de mis movimientos y explotamos juntos en un intenso orgasmo que nos arrancó varios gritos de placer. Me derrumbe en su pecho y lo besé, diciéndole, ahora, palabras tiernas, después de haberle dicho aquellas cosas tan audaces y eroticas.

 
Nos besamos y descansamos un rato, él me decía que me había deseado desde hace mucho tiempo pero que siempre respetó la amistad que nos unía, yo bromeaba y le decía que quería que me faltara el respeto más a menudo. Compartimos una noche llena de pasión, deseo, lujuria y el más delicioso sexo. Pero amaneció y nos tuvimos que incorporar a la cotidianidad de nuestras vidas. Pensando cuando era nuestro próximo encuentro para tener otra noche de copas...
 
 


2 comentarios:

  1. Sinceramente no se como cai aqui, pero el morbo no lo puedo evitar, muy buen relato

    saludos

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  2. morbo?? es ms k un sentir una sensacion la narrativa,el relato de la passion.

    durch.nacht.und.flut@live.com.mx


    me parecion algo denso tu espacio espero me permitas konocert k estes bien

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